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sábado, 28 de mayo de 2011

Los jueces de la caverna

   Desgraciadamente para muchos países de apariencia democrática, en cuanto a usos y maneras, la existencia de cavernas donde se acumulan, para habitar y conspirar, determinados elementos, es una penosa realidad. Son seres extraños que cuando salen a la luz se adaptan a lo humano y cuando se encierran y se agrupan se convierten en elementos perturbadores e inquietantes para las libertades de un país.
   De momento los efectos ofrecidos por los moradores de la caverna no dejan de llegar a la ironia en los más atinados y al más penoso de los ridículos en la mayoría, ya que pertenecen a una especie torpe, de miras limitadas intelectualmente y chamuscada, en cuando a ideas y progreso.
   Ahora algunos quieren desempeñar el papel de jueces y salen impunemente a la luz para dejar escapar sus peroratas, poniendo orden y justicia, allí donde pretenden que, antes de su llegada, había sólo nada o caos.

   Estos elementos sombríos, que pululan por las cloacas de la libertad, son hasta ahora además de ingenuos, ridículos, y es sólo su llamativa apariencia dogmática lo que suele llamar la atención de aquellos que vivimos en la luz, hastiados de haber soportado las sombras.
    Lo grotesco de su comportamiento no impide una mínima, aunque chillona, cohorte de fanatizados, de moral indolente e intelectualidad anodina que pululan por los alrededores de los medios que, como modernos que son, utilizan para extender su inmundicia.

   Como jueces que pretenden ser, al margen de una legalidad impuesta, no sólo por una mayoría democrática  sino por el más elemental  sentido común, tan sólo les deseo que esa justicia que ahora niegan llegue el momento en que necesiten suplicarla.